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¿Qué se busca en cada ecografía?

A pesar de ser una técnica de diagnóstico inocua para madre e hijo, la ecografía utiliza ondas de sonido de alta frecuencia y no conviene realizar más de la cuenta.

 

Las ecografías permiten conocer el estado del feto, vigilar su desarrollo y diagnosticar anomalías o si padece alguna enfermedad, además de poder tener bajo control la salud de la embarazada y sus posibles problemas a lo largo de la gestación. La ecografía es una de las técnicas más utilizadas para el seguimiento del embarazo ya que presenta numerosas ventajas, entre las que destacan su comodidad e inocuidad. Sin embargo, si todo el proceso transcurre dentro de la normalidad, solo son necesarias tres.

 

  • La primera, entre las 12-14 semanas. Esta ecografía debería realizarse lo antes posible porque puede ayudar a precisar el inicio real del embarazo. Sin embargo, la mayoría de las veces no se efectúa antes de la semana 12. Esta primera exploración sirve para realizar un estudio de la anatomía precoz del feto y para diagnosticar algunas malformaciones congénitas. Se mide el pliegue nucal (traslucencia nucal) del embrión, un espacio que se encuentra detrás de la nuca embrionaria y que se puede apreciar en la ecografía. El pliegue debe medir 2,5 milímetros; si los supera, se considera como marcador de riesgo de posibles alteraciones cromosómicas y se deben realizar otras pruebas como la amniocentesis. En esta fase inicial del embarazo, el embrión mide entre 50 y 60 mm (de 5 a 6 centímetros) y se puede ver la columna, esbozos de las extremidades o cómo late su corazón.
  • La segunda, a las 20-22 semanas. Entre estas semanas de gestación se realiza un análisis detallado de la morfología fetal. La ecografía permite estudiar, con una alta definición, la morfología de estructuras anatómicas como el corazón, el cerebro, los pulmones o el abdomen, y descubrir malformaciones como los defectos del tubo neural (espina bífida), prevenible si se toma ácido fólico al menos un mes antes del embarazo y durante el mismo.
  • La tercera, a las 34 semanas. El objetivo de esta última ecografía es diagnosticar otras malformaciones que puedan haber aparecido de forma tardía, confirmar que el feto tenga un desarrollo normal y que no sufra retrasos de crecimiento.

 

 

La ecografía en 4D

Los aparatos de ecografía se han perfeccionado en los últimos años y han mejorado la detección de malformaciones. Además, algunos hospitales de tercer nivel y centros privados han comenzado a realizar ecografías en 4D que, respecto a las convencionales, ofrecen imágenes del feto en movimiento, en tiempo real y en color.

Sin embargo, esta ecografía, introducida en España en 2004, no forma parte del control rutinario del embarazo. Solo se utiliza en casos muy seleccionados para obtener más información de malformaciones como el labio leporino, en el paladar o en la piel, y detectar determinadas patologías. Está considerada como una ecografía “de complacencia”, puesto que permite a los padres ver con más detalle la cara y los movimientos de su hijo.

 

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