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Cuidar a un niño de 2 o 3 años es mucho más difícil que cuidar a un bebé recién nacido

Cuando estás embarazada, comienzas a preguntarte cómo será tu hijo y la crianza. Es normal que comiences a investigar al respecto o que comiences a recibir consejos y advertencias sobre la alimentación, la falta de sueño y todos los momentos difíciles que tendrás que atravesar. Sin embargo, ser madre de un recién nacido es mucho más fácil de lo que imaginas, pero eso es algo que solo descubrirás con el tiempo.

A medida que tu hijo crece, comienzas a darte cuenta que, si bien un bebé recién nacido necesita de muchos cuidados y que estés más pendiente de él, cuando tiene 2 o 3 años las cosas se pondrán un poco más complicadas. ¿Alguna vez has escuchado a un padre decir: ‘Cuando tienes un hijo pequeño, los problemas son pequeños, pero cuando tienes un hijo grande los problemas son grandes’?

Cuando tienes que cuidar a un niño de 2 o 3 años, te das cuenta de que es mucho más difícil de cuidar que un recién nacido. ¡Y mucho más agotador! Si aún estás en esa etapa de un recién nacido, probablemente no nos creerás, pero llegará ese momento. Un día querrás controlar el tiempo y regresar.

Cuidar a un bebé recién nacido es simple, porque sus necesidades son simples. Durante los primeros meses, necesitan estar alimentados, limpios y cómodos. Esto significa que lo único que saben hacer es comer, defecar y dormir.

En cambio, un niño de 2 o 3 años es un pequeño tornado de energía y fluidez que puede causar un alboroto en cualquier momento y lugar. No cabe la menor duda de que harás todo lo posible por cuidarlos y protegerlos, pero es difícil para los niños de esa edad quedarse quietos o calladas y no todos los padres están preparados.

A medida que tu hijo crece, comienza a adquirir nuevas habilidades, como hablar y caminar. Esto significa que querrá explorar el mundo que los rodea y necesitará que estés más pendiente de él que cuando era un bebé recién nacido.

Antes de que te des cuenta, tu hijo comerá pegamento o pintura y tus paredes se convertirán en el lienzo perfecto para que ellos puedan expresar su arte. Es por ello que en todo momento deberás estar observándolo para evitar que sus manualidades se conviertan en una actividad peligrosa.

La hora del almuerzo o la cena puede convertirse en una batalla campal. Si aún toma el pecho, ellos estarán felices de apretarlos o morderlos. Ahora, tendrás que prepararles diferentes comidas y esperas que le gusten las verduras o cualquier otro alimento. Pero los niños pequeños suelen tener el hábito de que un día les guste un platillo y al día siguiente tratarla como si fuese veneno.

Y no podemos olvidarnos de las rabietas. Los bebés pequeños solo lloran cuando necesitan algo, como comer, que le cambien el pañal o si tiene sueño. En cambio, un niño de 2 o 3 años tiene sentimientos más complejos y aún no pueden expresarlos a la perfección, por lo que es normal que hagan berrinches porque tengan hambre, estén cansados o se sientan frustrados.

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