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“Es una pesadilla tener un hijo”. Gasta 113 mil dólares para ser madre y se termina arrepintiendo

Para algunas mujeres ser madres es un sueño que anhelan cumplir desde pequeñas. Sin embargo, hay ocasiones en donde se tiene una idea errónea de lo que es tener un hijo. Es que a menudo, hay quienes romantizan la maternidad, dejando ver solo el lado bueno de las cosas. Lo cierto es que es una experiencia única y hermosa, pero agotadora y estresante al mismo tiempo.

En el caso de Alice Mann, ser madre era un anhelo que tenía desde que era una niña. A los 25 años conoció a un hombre con el que estuvo en pareja 10 años y durante todo ese tiempo intentaron tener un hijo sin éxito. Sin embargo, a sus 35 años su relación terminó y, preocupada por quedarse sola y sin ser madre, congeló sus óvulos.

Cinco años más tarde, decidió quedar embarazada con ayuda de un donante de esperma. Mientras estaba realizado todo el procedimiento médico para quedar embarazada, conoció al “amor de su vida” a intentaron se padres juntos. No obstante, tuvieron que pasar por una fecundación in vitro (FIV), un embarazo natural y un aborto espontáneo, antes de tomar la decisión de buscar un donante de óvulos.

A sus 44 años, en su octavo ciclo de fecundación in vitro y el primero con un óvulo donante, logró finalmente quedar embarazada. Al principio, estaba más feliz que nunca y no podía creer que por fin había logrado alcanzar sus sueños. Sin embargo, cuando dio a luz a su bebé, se dio cuenta de que nada era como ella lo esperaba.

“Cuando lo colocaron sobre mi pecho, no sentí esa oleada de amor de la que habla la gente. Sentí incredulidad de que después de tanto tiempo éramos padres. Durante casi una década había soñado con esto. Durante mucho tiempo, todo lo que quería era ser madre, hacer que mi pareja fuera padre. Ahora mi sueño se ha hecho realidad. Y fue una pesadilla. Sentí resignación, resentimiento, horror y miseria abyecta.”

Cabe mencionar que, para poder quedar embarazada y dar a luz a su bebé, Alice gastó más de 113 mil dólares, pues añoraba con ser madre. Lo que no esperaba era que, con la llegada del pequeño, comenzara a sentir que no había nada en aquel proceso que estuviera disfrutando, por lo que comenzó a atormentarse por tener “sentimientos antinaturales y poco maternales”.

“No creo que haya tenido depresión postparto, pero sí creo que la tormenta perfecta de falta de sueño, hormonas y recuperación de una cirugía abdominal mayor agravó el hecho de que nada puede prepararte para el choque sísmico que es tener un bebé diminuto.”

Para Alice, se sintió menos preparada para ser madre debido a que todas sus energías y su tiempo lo invirtió tratando de ser madre. Luego, con cada ciclo fallido de FIV sus objetivos iban cambiando y pasó de tener un hijo a simplemente quedar embarazada.

“Y como eso parecía cada vez más improbable, no me permití pensar en cómo sería realmente la vida con un bebé. No obstante, gracias a la terapia psicológica y el hablar del tema en internet con otras mujeres en la misma situación me hizo cambiar de perspectiva.”

Luego, comprendió que desde que se convirtió en madre su vida cambió por completo. Ni para mejor ni para peor, solo era diferente y que debía aceptarlo.

“La vida que tenemos hoy es diferente de la que dejamos. No es peor, como pensé que el fondo de mi miseria; no es mejor, como los evangelistas de la crianza de los hijos quieren hacerle creer. Es simplemente diferente. Y tal vez como madre infértil, con un pie en cada campo, es inevitable que lo vea así.”

Finalmente, luego de hablar con otras mujeres en su misma situación, comprendió que a medida que su hijo creciera, ambos aprenderían el uno del otro y todo sería mucho más fácil. Y así mismo fue como sucedió y poco a poco comenzó a disfrutar un poco más de la maternidad.

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