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Joven sale todos los días a las 5 de la madrugada para vender pan y juntar dinero para el negocio de su mamá

Desde el inicio de la pandemia por COVID-19 muchas personas han perdido sus trabajos, teniendo que buscar otras maneras de ganar dinero y así mantener su hogar. Además, la dinámica de la sociedad ha tenido que cambiar como, por ejemplo, tener más precauciones y cuidados sanitarios, el cambio de los trabajos presenciales a los remotos, entre otros.

Todo esto hizo que muchas personas descubrieran nuevas actividades lucrativas y de entretenimiento. Tal es el caso de Daniel, un joven oriundo de Brasil de 20 años que se dio cuenta que su gran pasión era hacer y vender panes junto a su madre Marilza, una mujer de 53 años.

Además de encontrar su gusto por la cocina, también le sirvió para ayudar a su madre quien se había quedado sin empleo. De esta manera, ambos comenzaron a trabajar juntos para costear algunos gastos del hogar. Todo comenzó cuando las panaderías de su ciudad estaban cerradas, por lo que fue una gran oportunidad para ganar algo de dinero.

Ahora, el joven sale todos los días a las 5 y media de la madrugada a vender sus panes en una carretilla, cubierto con un mantel improvisado y lleno de cosas deliciosas. Pero eso no es todo, pues también ayuda a su madre con la elaboración del pan y con la limpieza de todos los utensilios que utilizan.

Este trabajo improvisado, hizo que Daniel encontrara su pasión por las masas y descubrió que con su madre hacen una buena dupla. Gracias al espíritu empresarial del joven y las ganas de crecer, el negocio se volvió más rentable con el paso del tiempo. Incluso, cuentan con un perfil en Instagram que los ayudó a hacerse conocidos.

Cabe mencionar que el padre de Daniel es un hombre jubilado y que tiene 73 años. Además, el hombre solo recibe 700 reales al mes, ya que el resto está comprometido con los préstamos que ha solicitado en un intento por terminar la casa en la que viven.

“Aquí es muy difícil, o comemos y pagamos las cuentas, o seguimos construyendo. Es un sueño que tardará en hacerse realidad.”

Aún con todo el esfuerzo que deben hacer, todavía queda un largo camino por recorrer para terminar la panadería que tienen planeada en la parte superior de la casa en donde viven hoy. Su sueño es poder abrir una panadería para que tanto él como su madre y sus futuros hijos tengan un buen pasar económico.

“Mi mayor sueño es poder darle la panadería a mi mamá, para que ella pueda hacer lo que le gusta.”

Su negocio familiar comenzó solo con 9 reales, pues este era todo el dinero que tenían en casa. Gracias al espíritu empresarial del joven, consiguió un trabajo como aprendiz menor en el que gana 500 reales al mes. Su madre en cambio, trabaja como empleada doméstica, pero cuando regresa a su casa, ayuda a su hijo con la elaboración de los panes.

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