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Secreciones oculares en el recién nacido

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Qué hacer ante las secreciones oculares del bebé

 

Nuestro dulce bebé es muy delicado, y cada parte de su pequeño cuerpo es tan sensible, que casi da miedo tocarlo, porque tememos hacerle daño. Sus ojitos no son la excepción, por lo que no debes asustarte si a las primeras horas de nacido los tiene  brillantes, y de color un poco amarillo. De todas formas, la matrona o enfermera le aplicará una pomada con antibiótico, para prevenir infecciones oculares graves en nuestro tesoro.

 

Pero si son tan delicados, ¿cómo debo cuidarlos cuando ya estemos en casa? Los ojos del bebé deben lavarse con agüita tibia durante el aseo diario. De vez en cuando podemos utilizar toallitas oculares. Además, siempre que veamos secreciones, aunque sean claritas, debemos limpiarlas con suero fisiológico, y con una gasita estéril.

 

Sólo en caso que la secreción sea de otro color, como  amarillenta o verdosa, debemos consultar al pediatra. En este caso, puede ser que tu bebé tenga una obstrucción del conducto lacrimal, algo muy frecuente en los primeros meses de vida, y que suele resolverse espontáneamente. Si no se resuelve pasados unos meses, es probable que el oftalmólogo tenga que hacer una pequeña intervención para terminar con la obstrucción.

 

¿Cómo realizar la limpieza si es que me han recetado una pomada? Primero, debes hacer lo mismo que en el caso de la limpieza habitual: retirar toda secreción con el suero y la gasa. Segundo, aplica la pomada recetada por el médico de la forma que él te haya indicado, la que por lo general se usa abriendo un poquito el párpado inferior y colocando una cantidad pequeña, como un granito de arroz, la que se esparcirá cuando tu bebé cierre el ojito.

 

Por supuesto, mamá, recuerda que cada vez que hagas este procedimiento, debes lavarte muy bien las manos antes y después, para evitar aumentar o hacer más compleja la infección.

 

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